Cuatro años después de mi última publicación, vuelvo por aquí porque ya casi nadie escribe. Casi diría que escribir en un blog es como escribir en un diario íntimo. No importa si alguien lo lee.
No necesito mencionar los cambios que han acontecido desde que levantaron el estado de emergencia a causa del confinamiento en 2020; es más, la palabra confinamiento ya nadie la utiliza, y mucho menos los gestos de higiene que antes todos aplicaban.
Hablar de la pandemia no es lo que me trae a este espacio, por el contrario. Lo que me motiva a estar escribiendo estas líneas es el simple hecho de escribir, reanudar una antigua pasión que creció cuando aún no había terminado la primaria, y ya publicaba pequeños informativos de las cosas que pasaban en casa. Esa página informativa redactada e ilustrada por la mano de una niña de siete años. Escribir siempre fue una segunda naturaleza en mí, que fueran noticias, cuentos, rimas o historias dignas de Wattpad, escribir era una fuente de satisfacción, un refugio, una puerta a un mundo donde todo era posible y luego el silencio.
El auge de los blog en línea me permitió volver a escribir, aun si en lo que escribía no me reconocía de la misma manera que antes de la llegada de lo digital.
Y ahora casi quince años desde que aparecí por aquí, quiero retomar la escritura, y quiero volver a escribir en mi blog, para mí, sobre las cosas que me interesan y que no deseo compartir con nadie y a la vez con todos.

